lunes, 29 de septiembre de 2014

COLONIALIDAD DEL PODER: ¿COMPROMISO O DISTANCIAMIENTOS (por Ronald Torres Bringas)

En una conversa que se realizó el año pasado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en el marco del IX Congreso de Sociología 2013, pude escuchar detenidamente el balance académico de más de una década de los enfoques de la colonialidad del poder, sus conquistas, dificultades y perspectivas. Esta expresión “colonialidad del poder” cara al Profesor Aníbal Quijano y que se ha vuelto una bandera epistémica de las diversas luchas emancipatorias a nivel global, es a no dudarlo la continuación de la cultura crítica originaria de los enfoques de la dependencia que nacieron allá en la década de los 60s, y que tuvo como texto insignia el libro “Dependencia y Desarrollo en América Latina” de los profesores Enzo Falleto y Fernando Henrique Cardoso. Estos aportes basan su impronta en el cambio de las mentalidades aprisionadas, a partir de la organización y la descolonización como diversidad étnica y minorías culturales.
Por diversas razones que no detallaré con exhaustividad el escenario de represiones dictatoriales y la debacle organizativa y social que supuso el profundo período de ajuste estructural y desmantelamiento del Estado populista de los 80s y 90s dejaron sin piso político para que las recetas de estos enfoques de anular la dependencia se llegaran a concretar, lo cual devino en una seria crisis de legitimidad del marxismo, a medida que las propuestas y la cultura democratizadora de las izquierdas perdía también la lucha por el sentido común en las culturas populares y ciudadanas.
En este sentido, las retransformaciones del poder, y la pérdida sistemática de influencia de la cultura crítica para intervenir en el poder político y hacer contrapesos democráticos a Estados que se convirtieron en la puerta de ingreso para la reorganización y descomposición de las sociedades a las que pregonaron servir, hizo que se mudara el foco de preocupación de las energías intelectuales desde el análisis de la economía política a las nuevas subjetividades desprotegidas y a la cultura de los actores que las anteriores lecturas sociales habían descuidado.
La fuerza del cambio no se ubicó más en tratar de movilizar las estructuras sociales ( ¡nunca existieron tales estructuras!) en pos de dar forma a economía nacionales autónomas, sino que se reubicó en intentar potenciar desde iniciativas microculturales y locales a los actores sociales e individuales que habían quedado sumidos en la pobreza y en la exclusión producto del desmantelamiento de la sociedad a favor de la multiplicación de los agentes y empresas neoliberales.
En este marco de abandono del análisis de la economía política, ingresaron con fuerza los estudios culturales, que desde la literatura y la antropología, incluso desde los departamentos de comunicaciones bregaron por restaurar los lazos sociales rotos por una economía de mercado que sumía a los actores y a las personas en profundas crisis de sensibilidad, violencia y soledad consumista, enfatizando en las experiencias de resilencia o de “minorías activas” que podían a pesar de las recesiones y de la crisis salir adelante.
Aunque en sus inicios estos estudios culturales de impronta norteamericana poseían inclinaciones fuertemente apolíticas, pues sólo celebraban objetivamente la vida cultural sin tomar partido, pronto surtieron las bases conceptuales para el fuerte trabajo social de las ONGs (Organizaciones no Gubernamentales) que ampliaron y evidenciaron con estudios de campo los diversos rostros del poder que un capitalismo sin mayor sofisticación, mercantilista y sin arraigo en la sociedad creaba. A medida que el capitalismo se volvía sólidamente cultural y consumista se percibió que los estudios culturales deberían dejar de lado los planteamientos diletantes y hasta displicentes, e intentar darle un sentido más político a los procesos culturales de dominación que legitiman el capital, de ahí que se haya mudado las urgencias hacia los estudios postcoloniales (específicamente usar el estudio de la cultura como espacio de batalla y liberación)
La consecución de la democracia en el 2001 y con ella la posibilidad de que los tejidos socioculturales se rehicieran, permitió la vuelta de un arte y una vida cultural intensa en los sectores de clase media, en los colectivos juveniles, y en los monopolios del glamour de las clases altas. Este contexto ha permitido hasta ahora la recuperación de una tenue sociedad civil informada que media entre el humanismo, el activismo y las movidas socioculturales, que es la generadora y la promotora de los estudios de la colonialidad del saber. Ahora no sólo se posee una cultura crítica que puede armar con facilidad una visión de conjunto del país sino que se ha conseguido construir una visión cultural detallada de un país donde el tema cultural, a pesar de tantos escaramuzas, ortodoxias y pragmatistas ha sobrevivido y regresa con fuerza con las propuestas transversales de la interculturalidad y su inclusión en la construcción del Estado peruano.
Se puede decir para concluir que la introducción de los estudios culturales, y su acertada politización con los estudios postcoloniales han permitido una recuperación intelectual de las ciencias sociales y humanidades, y ha continuado con mayor complejidad la visión social que las ciencias sociales iniciaron progresistamente en los 70s. Pero es una visión aun desconectada de una filosofía peruana, y que deposita su fuerza en el registro y crónica literaria sin conexiones con la economía y la polítología. Estas visiones han fragmentado la mirada del país, y los han vuelto un hervidero de escritores turistas apátridas.
Si menciono el evento del congreso del 2013 al cual asistí, es porque creo que este renacimiento cultural que ahora alcanza tímidamente las formas políticas de la protesta ingresa en un eclipsamiento peligroso. Y lo note pues en las ponencias de la mesa de colonialidad del poder, los balances a cerca de los estudios de la colonialidad hablaban de modo sutil que esta veta del saber, que es la responsable a su modo de la captura del poder de las experiencias de Estado del Ecuador, Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil y las demás experiencia de izquierda del continente, se esta volviendo en una moda que esta siendo cliseteada, y convertida en un habito postmoderno irresponsable que la neutraliza y le hace enmascarar las diversas formas que el poder que pregona desocultar.
Creo que para pasar a desarrollar este argumento debo decir como argumento marginal, que en el Perú la específica construcción de nuestra cultura intelectual y los antagonismos que nuestras ideas han tenido con los procesos políticos hacen complicado que estos conceptos maestros de la cultura crítica hayan arraigado en las culturas populares, y por lo tanto su sospechoso aristocratismo en estos últimos tiempos, distorsiona toda posibilidad de potenciar la política desde las izquierdas desde las bases sociales, y sobre todo desarrollar una lectura empírica y constructiva de nuestra heterogeneidad nacional. Esta es el drama que a mi parecer no viven nuestros vecinos latinoamericanos y que es necesario evidenciar para que estos felinos que juegan con bolas de lana se puedan arrogar el título de socialistas. la premisa del día es que estos enfoques de antagonismo entre un Estado monocultural y diversos rostros minoritarios subordinados, no es un enfoque que interprete bien al Perú. Por lo general el peruano es portador de una gran plasticidad y capacidad de negociación. Se adapta a cualquier circunstancia, y
media entre una racionalidad instrumental y una fe religiosa y panteísta que es el espíritu que le da fuerza para surgir de la peor pobreza. El migrante no es todo razón, sino ethos festivo y plástico. En ello Quijano se equivoca al decir que la razón instrumental de Weber y compañía es la mejor racionalidad. Diría que no sabe lo que esta pasando en el Perú, donde estamos experimentando un capitalismo semi religioso y popular en la energía de los microempresarios.
A nivel macro se puede argumentar que ya los estudios postcoloniales han cumplido en el nivel político lo que se habían propuesto: repotenciar a los movimientos sociales y a las diversas experiencias y nuevas subjetividades que han logrado la forma de Estado en casi toda Latinoamérica luego de una desoladora época de neoliberalismo y de búsqueda de destrucción de las sociedades latinoamericanas. El problema que veo es que la estrategia de hallar en la cultura una nueva forma de resistencia política, en base a poner la deconstrucción de Derrida (autor que puso de moda este concepto, que significa destejer y volver a rehacer) al servicio de la emancipación se esta agotando, pues la conquista del poder requiere para ser completa que toda esta retórica y nuevo espíritu que ha despertado la cultura crítica se tecnifique y se vuelva una nueva economía social que le de autonomía a estos poderes que emergen.
Si menciono esto es porque veo que el peligro de sólo atrincherarse en una crítica de la cultura de mercado sin aterrizar en una economía y tecnología de corte propio enmascara que es necesario controlar al capital en el modelamiento y redirección de los flujos de inversión privada, y tocar por tanto el núcleo del poder que tanto nos ha dominado a través de la historia. La terquedad de sólo estimular un espiritismo rebelde a lo mucho y solo arrancarle al capital para desplegar gigantescos, irrelevantes programas sociales olvida el hecho de que la emancipación es completa si la protesta se vuelve una forma de vida material y cultural. No superar la retórica diletante es caer en las aristocracias de la critica neomarxista que tanto promueve el capital, y sostengo que esa es una enfermedad que puede desinflar la negación de un mundo que se ha arrojado a las calles y que reclama de los hombres ilustrados mas que un discurso incendiario. Volcar en Estado un discurso culturalista que ha reportado prejuicios en cuanto a la situación crítica de las minorías subordinadas es hacerlas vivir en el miserabilismo, y no potenciarlas a no esperar nada del Estado. La mejor racionalidad es la de la acumulación y asociación por medio del emprendedurismo social. Eso tarde o temprano va a parir un Estado sui generis a la peruana.
En el nivel micro y me refiero a nuestro país, los obstáculos para ver con madurez esta necesidad estructural tropiezan con la ceguera y el oportunismo en los mundos de la ortodoxia y del socia-liberalismo respectivamente. Con respecto a los ciegos su persistencia en la determinación de la base económica, y su remedio archiconocido de la lucha de clases peca de ingenuo y por lo tanto de irrelevante. Y lo digo así pues si bien su predica puede obstruir la dinámica de los proyectos mineros y de hidrocarburos y poner límites a una modernización salvaje que está diluyendo en la violencia a nuestras identidades regionales, su carencia de alternativa que no vaya más allá del caos y de la anarquía hace ver que no existe la formula económica para desarrollar nuestra formación nacional.
Esta barbarie retorna y ha hecho destacar ciertos liderazgos políticos de corte contestatario, y si obtiene apoyos es porque no hemos podido resolver las humillaciones y las ofensas que nuestros pueblos han soportado a través de la historia, y que toman la forma erradamente de un mero conflicto de intereses. Es esta negligencia ciega, lo que hace a su modo que el pueblo no posea intelectuales y a la vez políticos de verdadera preparación, que vayan más allá de la confrontación y del buen corazón. Su mayor prédica es la protesta por el interés de distribuir, sin producir. Como los liberales y sus sacerdotes de Chicago, reducen el problema del país a un problema de interés, y de mera resolución de la pobreza material. Y recuerden el interés es una valoración cosificadora, que hace a las piedras que le cantaban al niño Arguedas en mera veta de minerales inerte…. ¿Marx en que estabas pensando cuando definistes naturaleza?
El otro grupo a mi parecer es el más nefasto pues obstaculiza que el pensamiento social llegue a toda las sociedad. Antes recluidos en la rebeldía del guevarismo sentimentaloide, en las teorizaciones de la democracia y la sociedad civil en los 80s, luego en los estudios cultuales en los 90s y la primera década de este siglo XXI, y por último en el activismo de los estudios postcoloniales han reforzado ese viejo hábito astuto de incendiar la pradera con un legado de leyendas y luego capitalizar todo en base a personalismos y grupos de interés. Si menciono esta contradicción que esta en la base de nuestros pensadores históricos es porque ya ese viejo oportunismo en este mundo cínico esta afectando la poca fuerza de nuestras organizaciones de izquierda y esta haciendo caer en el nihilismo y en el conservadurismo a los nuevos valores que surgen con el resultado de que no se posee en verdad una lectura social y congruente de nuestra nación que vaya más allá del anticuado Kaynesianismo setentero.
Como ayer nuestro registro intelectual y cultural depende de sospechosos valores clasemedieros y aristocráticos, lo cual hace que se pregone ser herbívoros y sean carnívoros en el fondo. Mientras del pueblo no salga un sintetizador que relea la historia seguiremos apostando por refritos teoréticos y por intransigencias culturales que nos quitan el derecho a sentir una patria real. Esta cultura emancipatoria a la europea sin arraigo con nuestro país es a mi juicio un programa de desviación y de uso instrumental de las organizaciones populares e indígenas; haciendo ver que estas unidades culturales diversas no puede representarse sin una vanguardia de izquierda, cuando esto si se puede hacer. me atrevería a decir que el método de organización de estas “supuestas comunidades” es un error craso, pues ellas no son solidaridades homogeneas sino organismos… En otro ensayo hablaré de ello.
El tema de la colonialidad del poder que es la extensión de la cultura marxista no calza muy bien en el Perú, y con el tiempo en América latina. la razón de ello es que no somos sociedades cercanas a la razón instrumental. Y debido a que la concepción que tenemos de nuestro continente latino es no como lo vió Bolivar. Tiene raíces más arcaicas y sagradas. Y ese el objetivo de estos enfoques postcoloniales, no permitir encontrarnos con nuestra antiguedad, y de ahí domesticar la modernización que tiene un rostro liberal, y también marxista. Descolonizarse es usar con plena conciencia de identidad que las recetas liberales y marxistas sólo son opciones ahí donde cada nación se halla en sus raíces. Ambas mal entendidas hacen mucho daño y son inapropiadas para volverse economía. Hoy el Perú debe volcarse a la empresa y agregarse y conectarse paso a paso. De ahí nacerá una cierta institucionalidad. De abajo hacia arriba. Sin tener que escuchar a los pregoneros de la miseria y del racismo elitista.
Sólo para ustedes, un ligero chascarrillo, que escuche por ahí:

“Cuenta que había un librero muy conocido y entusiasmado que vendía textos marxistas en las cercanía de UNMSM… Siempre le visitaba un profesor muy reconocido… -¡ ¿Profe, profe Cuando llega la revolución?! – no te preocupes esta a la vuelta de la esquina,,,, las contradicciones ya están avistadas en las estrellas… Saturno y Júpìter ya están cerca…. Pasaron dos años…..¿ ¡Profe la cosa esta brava cuando llega la revolución!? – no hay que impacientarse, cuando lleguemos tus libros valdrán oro, harán un museo con tus textos….- Pucha que bacán profe, ya me falta pa el té….. Vino la represión, metieron tanques, y el Perú se volvió el limbo de los parados… y el librero harto de quemar sus libros para no morir de frío se volvió loco…” Recuerdo a mis 18 años ingresar a mis clases y verle conversar con mucha erudición, y galantería con un amigo muy joven… – Eso decía Sócrates..- y cuando lo dijo maestro…- Ayer me lo dijo cuando nos tomábamos un acholado—- Puta el tio veía fantasmas, demasiado Renaco y catahua..

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